NAMASTE

Estábamos a unos 20º, era Enero, pero aún así al poner un pié en Delhí, después de 11 horas de vuelo, fue una bofetada de calor mezclado con los colores y los olores de aquellos que nos rodeaban.

Eramos extraños en un país tan cercano a nuestro corazón, desde hacía ya tres años.

Tuvimos que hacer noche en Delhi, para en unas pocas horas presentarnos de nuevo en el aeropuerto con destino a Calcuta, donde nos esperaba nuestra hija.

¡Fue tan larga esa noche y tan corto nuestro descanso...! Pero no importaba ya estábamos más cerca, nadie nos podía impedir llegar a nuestro destino y demorar más este encuentro tan esperado. Habíamos luchado tanto, estábamos tan cansados de esas respuestas tan etéreas y tan orientales. "Tranquilos la India es así". "Tranquilos la niña está perfectamente". "No, el pasaporte no está".

Pero nada servía, insistíamos una vez y otra a cualquiera que nos quisiera escuchar, parecía que España era peor que India. Hablar con la pared, nadie que nos comprendiese y añadiendo a esto la familia. Que no entendían nada de lo que pasaba e indirectamente sin comentarios, sin palabras, solo con el silencio diciéndonos "os están tomando el pelo".

Allí estábamos, sin enconmendarnos a nadie y sin saber dónde podríamos dormir, sin hotel en Calcuta. Dispuestos a dormir en un rincón del orfanato, si éramos bien recibidos.

Nos levantamos y nos duchamos, cogimos un taxi y de nuevo al aeropuerto, a Calcuta. Al llegar nos espera un contacto de la ECAI, nos saludamos e inmediatamente nos trasladó a un hotel cerca del orfanato, unos 10 minutos andando, pero solo teníamos un noche, después a la calle.

Nos quería dejar aparcados en el hotel, para "descansar". "¿Qué? de eso nada" pensamos los dos. "Espera que dejo mis maletas y mi mujer te dá los regalitos y las cartas que te envían desde España". ¡Pués sí, ahí nos íbamos a quedar! No costó ni dos mínutos subir y bajar y derechos a nuestra hija.

Ya por fín. no nos lo podíamos creer. YA.

Nos recibió una Sister con un grupito de niños y de niñas cantando una canción en Bengalí. Todo muy correcto y nosotros pensando "sí muy monos ¿pero nuestra hija?" (qué egoístas ¿verdad?) La canción se hizo eterna. Pero de repente como calculado, salió una massi de la mano de una niña pequeñita, con cara tortón, con una sonrisa que no le cabía en la cara, corriendo como un patito, casi sin sostenerse en pié. Nos miró con esos ojos divertidos de pícara y se enganchó al cuello de su padre. Pasó a mis brazos. Y por fín. YA ESTABAMOS TODOS. De esto hace 2 años y 8 meses, ahora.

NAMASTE A TODOS (15 de agosto 2007)

NAMASTE (2)

Después de las dos últimas semanas estresantes que pasamos, con los preparativos, el estar volando hacía India fue un descanso merecido.
Durante todo el trayecto de ida, faltaba rellenar un asiento de pasajeros. El de nuestra pequeña. Pensando como nos recibiría y como aceptaría nuestra otra hija su primer viaje iniciático, a su primera casa, volábamos hacia un país ya conocido por los tres.
Bajamos del avión y de nuevo en el aeropuerto de Delhi Estaba remozado, un poco más limpio, pero tenía el mismo color que la primera vez, con los tonos de los saris que pasaban por nuestro lado. Esta vez la estación monzónica nos lo puso más difícil para soportar las altas temperaturas y la humedad ambiental, que debía estar superando el 80%.


Al día siguiente en Calcuta, con una hora de retraso en el vuelo. Cuando llegamos al orfanato nos informan de que no podíamos visitar a nuestra hija, que estaba durmiendo. Nos fuimos a comer, en un hotel cerca de allí, para volver cuanto antes.
A la hora que nos indicaron volvimos, nos volvió a atender la misma Sister, junto con unas novicias. No conocían a nuestra hija mayor, pero en menos de cinco minutos les estaba bailando y cantando. Le preguntaron si quería ver a su hermana y ella rápidamente dijo que si. Ella, estaba en su otra casa. De nuevo demostró que no es una niña rencorosa y muy generosa. Volvió corriendo del pabellón donde están los niños y nos explicó muy emocionada como habían vestido a su hermana, para el encuentro.
Ya nos dirigimos los tres hacía allí. El edificio por fuera, estaba igual. Las mismas escaleras, las puertas centrales de madera oscura con una malla metálica. Ya, entramos a un especie de hall donde sacan a los niños pequeños para jugar. Estaba vacío en ese momento.
En vez de entrar por la parte central, donde están todas las cunas, nos pasaron a una habitación, con unos doce niños, a mano izquierda. La habitación era una terraza abierta, protegida con unas cortinas para la lluvia. Allí comían y jugaban. Habían pintado interiormente de un tono crema, y en el techo colgaban móviles de colores. También habían pintado dibujos como si de una escuela se tratase. Nada que ver con lo que conocimos la primera vez.
Nuestra hija entró la primera, la Sister, que en ese momento le estaba dando de comer, nos dijo que entrásemos tranquilos. Las nuevas situaciones le asustaban.
La Sister es la misma que cuidó a nuestra primera hija, al igual que la massi. Ambas la recordaban como si hubiese sido ayer que salió por la puerta con nosotros.
Entré yo después, intenté acercarme pero no hacía más que llorar como un gatito y mirar de reojo. Detrás de mi, entró mi marido con el mismo recibimiento. Nos sentamos en el suelo, sacamos unos globos, unos tubos de hacer pompas de jabón y nos pusimos a jugar como si un circo hubiese llegado con los payasos.
No hay nada para acercarte a un niño que picarle la curiosidad. En un cuarto de hora estábamos los cuatro juntos, como si nada hubiese pasado. Ya, nos dejaron solos.


NAMASTE (JUNIO 2008)

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